Sanación espontánea

 

Es algo muy conocido. Se conocen por cientos, muchos cientos, los casos de pacientes en estado terminal que sanaron en un momento, sobre todo tratándose de casos de cáncer.

 

La ciencia para el pueblo siempre los arrinconó y olvidó, pues la sobrepasan y dan un revés a todo lo que la medicina alopática enseña en sus universidades.

 

 A esta curación la llama la medicina alopática “Remisión Espontánea”. También es conocida como “Curación Cuántica” y “Curación espontanea” o “sanación Espontánea”.

 

La medicina alopática o medicina farmacológica no casa con este tipo de curaciones ya que estas pudieran abrirnos los ojos a la realidad de que somos mucho más que un pedazo de carne con un órgano con la rareza de servir para razonar.  Tal como la ciencia para los seres de la granja humana requiere que creamos, la razón es resultante de la materia, ya que no existe nada más allá de la materia. Pero la verdad es que somos mucho más que materia, de hecho la materia es una ilusión resultado de la creación de nuestra mente como colectivo, sostenida por la Mente del SER de acuerdo a lo que nosotros decidimos crear. Por ello podemos esperar cualquier obra, por muy maravillosa que sea, siempre que pongamos en marcha nuestros mecanismos como seres cuánticos que somos. No existen límites a nada para aquellos que tengan conocimiento y fe en ellos mismos*.

 

El Libertario

*a veces, incluso creencias religiosas falsas por haber sido entregadas por los seres de la Oscuridad, sirven para iniciar el milagro, pues lo importante es tener fe en el resultado y gran deseo de que se produzca el milagro
 
 
 
 
 
 
Alain Moenaert y curación espontánea

 

En el año 2011 Alain Moenaert, en la etapa final de una carrera profesional muy fructífera, estaba ultimando su obra maestra. Se trataba de un libro que resumía dos décadas de estudio y observación de un fenómeno poco estudiado por la medicina: las curaciones espontáneas.

Son esos casos que la medicina considera una rareza clínica en los que enfermedades como el cáncer, a menudo invasivas y en un estado avanzado o terminal, simplemente se desvanecen y desaparecen.

Prácticamente de un día para otro, enfermos que habían sido desahuciados por la medicina, de pronto se curan. Sin fármacos, sin cirugía, sin tratamiento.

A Moenaert le intrigaban esos casos para los que la medicina no tenía ninguna explicación. Y empezó a descubrir coincidencias que se daban en todas las personas que habían conseguido escapar de los pronósticos médicos más terribles: pacientes seropositivos, personas que habían sufrido un accidente con secuelas irreparables, enfermos con cáncer avanzado y otras patologías aparentemente incurables.

Estudió concienzudamente los casos de 210 supervivientes que se habían curado de forma “milagrosa”, pues no había otra forma de explicarlo. Y al analizar las similitudes que existían entre estos pacientes, consiguió identificar 12 grandes etapas por las que pasaron todos ellos.

 

La primera etapa: Aceptar el diagnóstico pero rechazar el pronóstico

 

El diagnóstico de la enfermedad es simplemente la realidad de la patología que se sufre. No hay que negarlo: es real y está ahí.

A lo que sí hay que negarse es a aceptar por las buenas el pronóstico, que es el tiempo de vida o las secuelas que la medicina predice en base a las estadísticas.

Ante la típica pregunta: “Doctor, ¿cuánto me queda?”, los supervivientes a los que estudió Moenaert se negaron a aceptar esas pocas semanas o meses que les auguraron los médicos. Rechazaron la idea de estar condenados. Decidieron que iban a jugar a fondo la prórroga del partido de su vida.

Rechazar el pronóstico fue lo que hizo el ciclista estadounidense Gregg LeMond, ganador del Tour de Francia en 1986 y al que después de un accidente de caza en el que quedó gravemente herido le dijeron que estaba condenado a quedarse en una silla de ruedas el resto de su vida. Dos años más tarde del accidente, en 1989, y con restos de munición aún en el cuerpo, volvía a recorrer los Campos Elíseos de París nuevamente con el maillot amarillo. “Gregg LeMond no dejó que las estadísticas le dijeran lo enfermo que estaba”, explica Moenaert, quien en esos años analizaba los casos de pacientes con sida que se habían curado diez años después de haber sido diagnosticados (estamos hablando de una época en la que el sida era una enfermedad fatal).

Esta es sólo la primera de las 12 etapas de curación que ha identificado Alain Moenaert. Y que no sólo ha identificado, sino que además las ha vivido en su propia carne.

 
 
 

Un duro golpe

 

Porque, casualidades de la vida, si es que puede explicarse así, mientras escribía las últimas páginas de su obra, Alain Moenaert recibió un duro golpe: sufrió un accidente cerebrovascular que le dejó afásico (incapaz de hablar o entender el lenguaje), disléxico y con trastornos del equilibrio. Y mientras se recuperaba le diagnosticaron un cáncer de próstata invasivo con el peor de los pronósticos.

Desahuciado por los médicos, Alain Moenaert tomó una decisión radical: vendió todo lo que tenía, abandonó Europa y viajó a Bali. Sin presiones, sin limitaciones y con dos maletas como único equipaje, dispuesto a revisar sus prioridades y a descubrir una nueva vida, y también a sí mismo.

Había puesto en práctica la primera etapa de las 12 que él mismo había identificado en los supervivientes a los que había estudiado tan a fondo: aceptó el diagnóstico pero se negó a aceptar el pronóstico.

Su salud mejoró, y hoy no hay rastro de ese terrible cáncer que estaba previsto que acabara con él. Sigue viviendo en Bali.

No voy a mentirle ni darle falsas esperanzas respecto a la cura de las más graves enfermedades. Pero lo que sí está claro es que la ciencia no tiene todas las respuestas. Las 12 etapas que ha identificado Alain Moenaert no son una ocurrencia, sino fruto de la observación empírica.

Uno tras otro, todos los pacientes estudiados por Moenaert, y él mismo después, comenzaron aceptando el diagnóstico pero desafiando el pronóstico. A partir de ahí, comenzaron un fascinante recorrido, las 11 etapas siguientes, de verdadero coraje, introspección terapéutica y capacidad real de transformarse.

Existen ciertos perfiles psicológicos que predisponen a sufrir las enfermedades más graves, mientras que hay otros que parece que las repelieran. Esta idea, que no es nueva para los científicos, fue otro de los hallazgos que se pusieron de manifiesto ante Moenaert durante sus investigaciones.

 

Alain Moenaert, psicólogo y psicoterapeuta

 

 

Las 12 etapas de la curación

 

1. Aceptar el diagnóstico

2. Rehusar el pronóstico

3. Ver esta catástrofe como una oportunidad vital

4. Convertirte en la persona más importante de tu universo

5. Hacerte responsable de la creación del problema

6. Construir la determinación

7. Descubrir el mensaje – función del síntoma

8. Limpiar el pasado de los traumas y las creencias limitadoras

9. Crear un obsequio que sea continuamente satisfactorio

10. Construir un futuro sin tensiones

11. Sentirse unido y desarrollar una práctica espiritual

12. Vivir la vida

 
 
 
Consejos de Alain Monaert

 

Mi consejo es no revisar el pasado, porque éste puede bloquear el presente. El psicólogo (Alain) plantea construir un futuro sin tensiones, es decir, sin cargas personales, que fluya y deje atrás todo aquello que no aporta ningún beneficio.

La práctica espiritual ocupa un espacio importante en “Las 12 etapas de curación”. El especialista francés recomienda la práctica de determinadas actividades que mejoran el bienestar físico y personal de quien sufre una enfermedad grave. “Andar por la naturaleza y meditar son algunas pautas que ayudan a lograr un estado de calma y tranquilidad interior”

 

https://www.portalholistic.com/es/articles/las-12-etapas-para-afrontar-una-enfermedad-grave

 

 

Sanación cuántica

 

Si consideramos que todo lo que conforma nuestro Universo estuvo formando parte de la misma Unidad antes del Big Bang, a un nivel profundo todo estará unido con todo debido al “entrelazamiento cuántico”. Sabemos que si dos fotones han estado en contacto “se entrelazan” y lo que le ocurra a uno de ellos repercutirá de inmediato en el otro aunque se separen, anulándose en el plano cuántico los efectos del tiempo y del espacio como si “algo especial” fuera la causa de esa relación instantánea.

 

Ese “algo especial” es la Vibración Primigenia provocada por la Vacuidad o Conciencia pura, que es una conciencia inmediata y constante del Espíritu original omnisciente, omnipotente y omnipresente en todos los Universos que está radicalmente libre de cualquier sombra de dualidad. Podríamos decir que es el todo y la nada, la nada llena, la plenitud; constituyendo para nuestra mente racional la mayor de las paradojas.

 

La enfermedad es un desequilibrio en uno o varios planos de la persona; pero como ésta constituye un todo indivisible, resulta posible promover modificaciones sobre una parte del individuo de tal manera que surta efecto sobre el conjunto del mismo. Concretamente, la sanación cuántica parte del principio de que no existe una auténtica separación entre el origen y lo creado, por lo que cabe la posibilidad de ponerse en contacto con el principio original armonizador, la Vibración Primigenia, para que lograr la sanación nuestra y de otros por resonancia.

 

Y justamente así sucede en la Sanación con Energía Primordial, mediante la que se canaliza y aplica de manera específica la Vibración Primigenia, origen de los patrones de energía estructurada que provienen del “campo unificado” del que proceden todos los Universos. Esta sanación se lleva a cabo conectando con la vibración original y experimentándola con propósito de armonización del receptor, sea uno mismo u otra persona. Se trata, por tanto, de una vivencia en la que el facilitador se abre a la posibilidad de que el Espíritu original se manifieste a través de la canalización para sanar de manera inmediata y perenne justo lo que sea conveniente.

 

Por otra parte, tanto Sanación Fotónica como Sanación con Energía Primordial se basan en el principio cuántico de que la conciencia crea la realidad conforme al “efecto observador” o cambio de cualidades a nivel subatómico cuando éstas son observadas, y en el “principio de incertidumbre” o imposibilidad de predecir el futuro por la observación del pasado o del presente, debido a la “superposición cuántica” (que sostiene que un sistema físico subatómico existe de alguna manera en todos sus estados posibles). La fusión de ambos da lugar a dos aspectos fundamentales en la sanación cuántica; el primero de ellos es que la conciencia despierta y concentrada transforma la realidad, y el segundo que todo cambio es posible, dependiendo de la actitud de quienes estén implicados en el proceso (ya que a nivel subatómico la conciencia centrada en la Unidad, con actitud compasiva o “coherencia cardíaca”, sería capaz de eludir la relación causa-efecto tal como nos recuerda el dicho “el amor hace milagros”).

 

Tanto la canalización de la Vibración Primigenia como el efecto de la conciencia despierta y concentrada al provocar cambios enlazando el tiempo y las dimensiones mediante la aplicación de técnicas concretas, son factores cuánticos fundamentales en Sanación con Energía Primordial.

 

Digamos también que en Sanación Fotónica y en Sanación con Energía Primordial tanto el presente como el pasado y el futuro son contemplados como distintos “ahoras” de la dimensión que experimentamos. Ese punto de vista facilita la conexión con el pasado y con el futuro, incluso con otras dimensiones que contemplen el tiempo y el espacio con parámetros distintos.

 

Carlos Calvo

 

https://www.facebook.com/joseluis.martinezgarcia.1253/posts/869908116542580